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when you live in a small town

July 24, 2007

Already I feel small town effects, even (or especially?) in this ideosynchratic small town. The politics of who talks to who, who greets who. The economy of how much one says. The women who treat one with suspicion and distance, the men with a little too much interest. An unspoken tangle of old stories and positions which the newcomer must tiptoe through, but which, for the locals, are like extension of themselves. Alcohol as the blade which cuts through those constraints for an exuberant moment, followed by a rustle of gossip as the rent fabric restores itself, tighter.

A little recognized art, navigating a small town: knowing how to steer clear of ugliness without becoming a hermit, knowing how to protect whatever is green and growing in your heart from sourness, keeping a friendly openness with everyone and an arms length distance.

As a passerby the thing is different. But still one feels it: chapeau to anyone who survives in a small town.

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unheimlich in kentucky

July 18, 2007

this afternoon i had a moment of spiritual dread. i can’t explain it. driving up black mountain (border ky/va) through the dripping trees, mist rising out of the hollers, i started to tremble. i had to pull over but then that freaked me out more, so i kept driving. i have never had so clearly the feeling of haunting: coal miners and indians and perhaps the mountain itself, all of them wronged and angry and latent in the forest. very dark, very very dark. someone told me when i was here before that ‘kentucky’ is from the cherokee for ‘dark and bloody ground’: they came into the labyrinth of the appalachian hollers only for their elaborate wargames. (the official etymology is ‘land of tomorrow’ in iroquois, a disneylike other side of the coin). in any case, it is an ominous beauty which then – on the virginia side – opens out into the naked violence of a strip-mined hillside. spooky as hell.

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return

July 18, 2007

as if there were any devoted followers of this blog, i advise: i went back to spain for several months, and now i’ve come back to the US for a reprise in appalachia. the questions shift and refocus, but i might as well keep using this same notebook.

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jovenes

January 22, 2007

Ayer estuve toda la tarde con un chico del taller en el que participé este finde, preguntandole cosas. J es de Algiers, the west bank, barrio negro y bastante tirado aunque sólo muy levemente afectado por la
tormenta. Trabaja con jovenes, jovenes que han sido echados de los colegios, metidos en ciclos de delinquencia y instituciones penales desde la tierna infancia. Antes de la tormenta ya estaba muy mal la cosa: el estado de Louisiana anticipa la futura demanda de plazas en las carceles a base del número de niños que no aprueban los tests de alfabetismo en el cuarto año del colegio. Nada sutíl en el estado disciplinario aquí: el colegio se hace explicitamente un tanque de retención hasta que los jovenes tengan edad de carcel. Pero si las instituciones son malevolas, tampoco es que haya mucho horizonte fuera en una comunidad tan desmadejada, arrasada por la violencia y la droga y la ética de todos contra todos. El imagen de la decadencia de las poblaciones negras y urbanas es tal tópico de la sociología barata y racista que no me lo suelo creer mucho, pero cuando J. cuenta las vidas de algunos de los chavales con los que trabaja da escalofrios.

Y si esto no fuera bastante, ahora se trata de jovenes que, con sus doce añitos, ya hayan participado en bandas armadas de lucha de supervivencia en una ciudad inundada, saqueando tiendas y casas y peleandose por el saqueo entre las ruinas, ya hayan tiroteado con la policia, ya se hayan visto abandonados de la mano de díos y del estado… y ahora les vas a habilitar para trabajar en el Walmart (“soy Cindy, cómo le puedo atender?”) y integrar en un sistema que ya saben – al fondo – que es una mierda, un espejismo, una burbuja? J. dice que a los que saben se les mueren los ojos, ya han pasado al otro lado, han salido de la matrix. La gente hablaba de esto también en Beirut de los chavales reclutas en las milicias: cómo asumir el civismo y ‘la normalidad’ cuando tu momento más formativo es la violencia extrema y el colapso de todas los costumbres de la civilización?

Una quiere creer que en estos ojos muertos haya la semilla de una gran insurrección. Que una persona se vuelve imposible de entrenar en las humillaciones del trabajo basura es motivo de alegrarse, que tenga conciencia del cinísmo del estado y rabia ante la mentira es señal de vida y potencia, no? J. está de acuerdo y apuesta por esta esperanza, pero dice que hasta ahora no ha visto a nadie – a lo menos de esta generación – que haya conseguido convertir esta conciencia y esta rabia en organización y solidaridad y no en auto-destrucción y violencia, gula por las fruslerías del consumo compulsivo, ‘ como nécoras en un barríl.’ Si no tienes ningún punto de referencia externa: cómo imaginar la paz? cómo concebir la dignidad? cómo soñar con la tranquilidad de una tarde soleada?

Luego llega otro, V. que también trabaja con jovenes negros de la misma clase. V. señala la tensión vital y ética: con la policía siempre encima, la represión tan impune y el precio de la rebeldía tan alto, quién se atreve a animar los jovenes a la confrontación? Existe siempre la tentación de enseñarles cómo bajar la cabeza, cómo aguantar, cómo vivir la pequeña dignidad de apañarse dentro del sistema; que intenten conciliar su pequeña paz como buenamente puedan. Para esto hay cientos de programas, todos financiados – por ‘filantropía’ – por grandes multinacionales: American Express ofrece un programa de créditos por méritos (notas academicas, logros deportivos, etc) que acumulan a una tarjeta y en algún momento pueden canjearse en tiendas de moda. Walmart y Burger King ofrecen pasta para programas de formación en ‘habilidades vitales’ (cómo vestirse, peinarse, hablar, andar, etc. para ser ‘empleables’ – esto incluye hasta cambiarse de nombre para quitar el estigma de los nombres que suenan a gueto), y luego emplean ‘en prácticas’ a los que aprueban la formación, y por sus esfuerzos con ‘las comunidades a riesgo’ reciben un pago del estado por cada joven empleado. El cinísmo no tiene fondo. Y los que trabajan en estos programas son perfectamente concientes del cinísmo pero ‘qué remedio?’ ‘mejor que nada’ ‘es la realidad que hay.’

Pero no, no, tienen – tenemos – que aprender a imaginar un horizonte más allá de la humillación y el cinísmo. Total, si los jovenes pos-Katrina ya son más allá del alcance es estos programas, estos programas ya hacen referencia a un mundo para ellos ajeno y caduco. Entonces cómo? Por dónde empezar? Antes de Katrina, V. estaba intentando a animar un centro de arte para jovenes, con clases de formación política, historia de la diáspora africana, para que tuviesen algo del que enorgullecerse. Todo se arrasó con la tormenta, ahora piensa empezar de nuevo. Es dificil, dice. Puede que enganchan algunos, pero la mayor parte vea ésto también como una milonga. Hablamos de la necesidad de una sensación de movimiento, de apuesta: tiene que ser de verdad, que a estos chavales ya nadie les engaña con boberías. Imaginamos los jovenes de los ojos muertos protagonizando la gran marcha a Washington de todos los ‘Katrinos’ repartidos por todo el país, aquella marcha con la que muchos sueñan pero que nadie parece capaz de lanzar. Pero Washington, qué Washington? A quién hay que hablar en Washington y de qué? Qué se puede esperar de Washington? Entonces aquí, aquí, sobre el terreno, algo que aún no tiene nombre…

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white noise

January 11, 2007

No sé si será por mi punto de aterrizaje en este mar que es Nueva Orleans, o porque la cuestión es tan acuciante aquí que surge necesariamente; en todo caso el hecho es que cada dos por tres me topo con un cierto corriente de anti-racismo aquí, asociados con los talleres que lleva el Peoples Institute for Survival and Beyond y otros parecidos. Muy interesante.

Ayer quedé con una chica, majísima, que dentro de Common Ground, un proyecto muy grande y muy visible (de cuyos chismorreos ya me he enterado de más de lo que quisiera) intenta introducir esta reflección sobre el racismo estructural y internalizado. Intenta abordar, en serio, el problema que representa ser blanca y de clase profesional, y además no autóctona de aquí, y siendo tal cómo ser un sujeto político que potencie los sujetos en posiciones menos privilegiados, menos móbiles, menos visibles, que cuentan con menos recursos… y luego cómo intervenir en un contexto tan delirante como el de ‘Common Ground’ desde la perspectiva de que ‘ésta es mi gente, si me gusta o no: los jovenes universitarios blancos del norte, y como es mi gente pues me toca trabajar con ella, pensar en ella, intentar orientarla y limitar el daño que hace.’ Está claro que preferiría trabajar directamente con los grupos y proyectos de N.O., que está harta de Common Ground y su estilo, pero considera que alguién tiene que pensar el impacto de esta masa joven en el entorno nuevaorleanse, y canalizar de algún modo el poder, recursos y influencia que representa.

La verdad es que me parece una postura muy responsable, si un tanto sacrificada. Y no cabe duda de su sinceridad, su lucha con un ‘partir de si’ bastante dificultoso, etc.

Lleva un año en un grupo de trabajo que organiza talleres anti-racistas para los voluntarios y también sirve de espacio de reflección y desahogo para los que llevan tiempo con esta cuestión dentro de la organización. Lo que me contó de los talleres me pareció muy bién pensado. Como tenía una reunión del grupo en el mismo sitio donde habíamos quedado para hablar, me quedé a ver qué onda.

Lo primero que me impactó es la forma de hablar de todos del grupo. Tan tan cuidadosa, cuidadosa hasta mojigata, este sobre-esfuerzo (fruto, sin duda, de muchos talleres de metodología) de ser comunicativo y respetuoso y horizontal y transparente… y de paso obstaculando el lenguaje de tal manera que la expresión, la pasión, el humor, la poesia, etc. quedan definitivamente estrangulados.

Es exactamente lo que observabamos de como hablan tantos activistas – sobre todo las activistas – jovenes blancos: como si tuviesen miedo a pronunciarse. Y aquí se explicita lo que ya sospechaba sobre este fenómeno: que por el puro esfuerzo de ser respetuosos y concientes de su propio privilegio casi se anulan como sujetos. Ésta Rebecca, tan simpática, angustiada a la hora de acercarse a las organizaciones de New Orleans porque se cree tan rotundamente deslegitimada, condenada por su piel blanca a reproducir la opresión o la desigualdad de poder allá donde vaya, que se queda paralizada, y ve que su tarea política principal es la contención y la limitación del impacto de si misma y de sus semejantes.

Me recuerda de mi momento ecologista, cuando tenía 14 años y me angustiaba pisar la tierra por si aplastaba bichos microscópicos, respirar por si mi presencia alteraba la composición de los microbios: esta sensación de formar, irremediablemente, parte del cáncer de la civilización.

Se hace fácil de burlar de este paralísis, pero luego pensandolo me parece una cosa seria, y de verdad dificil. Las blancas y ricas del mundo no vamos a ser – ni debemos ser – el sujeto revolucionario. Y si queremos estar de lado de los que sí, pues nos toca pensar seriamente cómo acompañar y apoyar sin dominar el escenario.

Pienso en un colectivo que conocí en NYC, sobre el que nunca llegué a escribir nada pero que me impresionó mucho. Eran chavales blancos que querían apoyar a las organizaciones autónomas de mujeres de color. Valorando con las mujeres qué podría ser su contribución, llegaron a la conclusión que lo mejor, lo más radical que podrían hacer era estar disponible para cuidar a los hijos de las mujeres cuando ellas tenían reuniones o acciones. Ahora hay todo una red de solidarios que cuidan los hijos de las mujeres organizadas. Una forma muy clara de renunciar el protagonismo, de asumir el legado de siglos en los que eran las mujeres de color cuyo cuidado permitía el protagonismo de los y las blancos y blancas. Pero…

Algo de mi resiste esta lógica, pero me cuesta analisarlo. Prefería pensar una forma de política que intentara abordar el problema de la desigualdad a través del debate, el encuentro, la traducción, la amplificación y no en la auto-censura. Como si al dedicarse a la auto-censura una vuelve a darse una centralidad innecesaria y traiciona una postura más potente, más positiva, de apertura. Me parece condescendiente, sin querer, y un poco fatalista: como si cada quién fuese condenada a cumplir su papel racial en cada momento. Y sin embargo: en un caso como el de Common Ground, en un contexto como el de New Orleans ahora, cómo evitar que una masa afanosa de jovenes blancos arrasen la frágil ecología de las organizaciones locales?

Todo esto pide – una vez más – un analisis más completo de la noción del ‘privilegio’ tal como se utiliza aquí, lo que tiene de interesante y lo que tiene de paralizante. Y estas otras nociones que le suelen acompañar: ‘impact’ (con su vertices positivos y negativos) y ‘accountability’.

Y luego algo un poco más allá de esto, que tiene que ver con el alma y la pasión y el riesgo, en los contextos políticos como en la vida en general…

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‘violencia’

January 11, 2007

Una oleada de homocidios en Nueva Orleans: 12 en la primera semana del año, todos más o menos arbitrarios o relacionados con el trato de drogas. Entre ellos muere una cineasta blanca en su casa en el Marigny, un barrio guay. La muerte violenta de personas negras apenas llega a la página de necrologías, pero este caso levanta pasiones. También murió un musico negro muy conocido y querido. Los familiares y amigos de los víctimas han convocado una mani ‘contra la violencia’, una mani de duelo y de rabia, con el deseo de reclamar la ciudad. Pero como la frase ‘contra la violencia’ da pie a tantas interpretaciones, se convierte en una carrera entre sectores intentando sequestrar el hecho para sus propios fines.

Representantes políticos solicitan la Casa Blanca para más Guardias Nacionales y presupuesto para carceles y policias.

Algunos residentes del barrio Marigny exigen un toque de queda y check-points en las calles, más o menos como había en los meses despues del hurricán.

Organizaciones anti-racistas señalan que todo aumento de policias es igual al castigo y la vigilancia de la población negra, y afirmaría la segregación del territorio.

Esto viene a los dos días de la sentencia a agentes de la policia por matar a tiros dos personas – y herir a más – mientras cruzaban los puentes intentando huir de la inundación: un momento importante para todos los que llevan insistiendo que todo – desde la mala construcción de los diques hasta la actuación policial despues de la tormenta, pasando por la incompetencia de FEMA, demuestra una profunda intención de ‘limpieza étnica’ de la ciudad.

Sin embargo, no puede ser que las bandas armadas se hacen con toda la ciudad, atemorizando toda la población y acotando el poco espacio público que queda.

Un empujón, todos se dan prisa a investigar otras experiencias en otras ciudades, cómo enfrentarse a las situaciones de violencia aguda sin recurrir a la lógica securitaria, qué resultados dan las campañas ciudadanas.
Mientras tanto, Houston aprovecha de la oportunidad para exigir más fondos para su policia también, acusando los ‘Katrinos’ de traer su criminalidad innata allá donde vayan.

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nola

January 9, 2007

desde hace unos diez días estoy en nueva orleans. una pasada. intentando hacerme una noción de qué pasa aquí en esta ciudad que más o menos todo el mundo entiende como la crisis nacional – incluso global – escrita en pequeño: el funcionamiento de clase, la segregación por raza, el vacio de instituciones y planificación básica, la cínica privatización del riesgo, la expropiación de valor cultural y el castigo de sus fuentes populares…

una ciudad mágica, que vacila entre la tristeza – olor a moho y desesperación – y la exuberancia de un día soleado, trompetas y voces. más de la mitad de la población no ha vuelto todavía y nadie sabe si podrán algún día volver, si arreglarán los diques, si abrirán los colegios, si marcharán los tramvías, si habrá dinero… dicen que todos los grandes urbanistas del mundo tienen proyectos para nueva orleans pero nadie los ha visto. mientras tanto los especuladores especulan y las peñas montan desfiles extravagantes de orgullo local y las zonas pijas siguen tomando sus cócteles y comiendo sus cangrejos sobre finísimo lino.

manadas de voluntarios (de todas partes del pais, de todo tipo de personas) quitan el escombro y detritus de las calles, limpian las casas destrozadas, traen materiales médicas. y manadas de activistas (blancos, de clase media-alta, universitarios casi todos) hacen lo mismo pero con pintas. la ciudad se llena de gente de afuera como yo, que llegan de buena gana a apoyar a esta ciudad tan singular y nos encontramos entre otros que también acaban de llegar. y nos preguntamos: ¿dónde está el grito al cielo por parte de la comunidad indígena de esta ciudad, esta ciudad de fuerte identidad barrial, esta ciudad de riquísima cultura popular? ah, pero claro, los barrios están repartidos entre houston y seattle y minneapolis y new haven y savannah, y nadie siquiera sabe dónde han llegado a parar sus vecinos. vuelvan algunos intrépidos a ver lo que queda de sus barrios, dejando notas en spray en las paredes de las casas “soy john, he vuelto 10/12/06. estoy en jackson mississippi. alguién sabe dónde está rosie?”

hay algunas iniciativas muy bonitas de intentar poner en contacto y mobilizar la diaspora – “los katrinos” – que los de houston, atlanta, baltimore ahora culpan de traer criminalidad y violencia a sus ciudades.
(la estigma llama a la estigma. nueva orleans siempre fue una rareza, una desviación y un carnaval en medio de la ferrea economía racial del sur: decadente, francofona, misegenada -has leido, acaso, ‘absalom, absalom!’, de faulkner? pues eso)

y algunas iniciativas muy bonitas de pensar, en serio, lo que significa la ‘solidaridad’ en una situación como esta, y cómo los solidarios pueden quitarse de en medio antes de consolidarse como industria

y algunas iniciativas de investigación y militancia que toman el abandono de nueva orleans como punto de partida para abordar los patrones del neoliberalismo en general…

pero todo es tan desmadejado, tan poca cosa ante una situación tan bestial. y con la misma ambivalencia que una puede tener ante beirut, una se alegra y tambien se inquieta por el hecho de que los que quedan siguen en sus cosas, las cosas que siempre ha hecho nueva orleans: la cocina, la musica, la fiesta, con incluso más fervor. tocar la trompeta ya no es sólo tocar la trompeta, es tocar la trompeta en nueva orleans ¡renueva orleans! un acto de resistencia. aunque sospecho que siempre lo fue.