
nola
January 9, 2007desde hace unos diez días estoy en nueva orleans. una pasada. intentando hacerme una noción de qué pasa aquí en esta ciudad que más o menos todo el mundo entiende como la crisis nacional – incluso global – escrita en pequeño: el funcionamiento de clase, la segregación por raza, el vacio de instituciones y planificación básica, la cínica privatización del riesgo, la expropiación de valor cultural y el castigo de sus fuentes populares…
una ciudad mágica, que vacila entre la tristeza – olor a moho y desesperación – y la exuberancia de un día soleado, trompetas y voces. más de la mitad de la población no ha vuelto todavía y nadie sabe si podrán algún día volver, si arreglarán los diques, si abrirán los colegios, si marcharán los tramvías, si habrá dinero… dicen que todos los grandes urbanistas del mundo tienen proyectos para nueva orleans pero nadie los ha visto. mientras tanto los especuladores especulan y las peñas montan desfiles extravagantes de orgullo local y las zonas pijas siguen tomando sus cócteles y comiendo sus cangrejos sobre finísimo lino.
manadas de voluntarios (de todas partes del pais, de todo tipo de personas) quitan el escombro y detritus de las calles, limpian las casas destrozadas, traen materiales médicas. y manadas de activistas (blancos, de clase media-alta, universitarios casi todos) hacen lo mismo pero con pintas. la ciudad se llena de gente de afuera como yo, que llegan de buena gana a apoyar a esta ciudad tan singular y nos encontramos entre otros que también acaban de llegar. y nos preguntamos: ¿dónde está el grito al cielo por parte de la comunidad indígena de esta ciudad, esta ciudad de fuerte identidad barrial, esta ciudad de riquísima cultura popular? ah, pero claro, los barrios están repartidos entre houston y seattle y minneapolis y new haven y savannah, y nadie siquiera sabe dónde han llegado a parar sus vecinos. vuelvan algunos intrépidos a ver lo que queda de sus barrios, dejando notas en spray en las paredes de las casas “soy john, he vuelto 10/12/06. estoy en jackson mississippi. alguién sabe dónde está rosie?”
hay algunas iniciativas muy bonitas de intentar poner en contacto y mobilizar la diaspora – “los katrinos” – que los de houston, atlanta, baltimore ahora culpan de traer criminalidad y violencia a sus ciudades.
(la estigma llama a la estigma. nueva orleans siempre fue una rareza, una desviación y un carnaval en medio de la ferrea economía racial del sur: decadente, francofona, misegenada -has leido, acaso, ‘absalom, absalom!’, de faulkner? pues eso)
y algunas iniciativas muy bonitas de pensar, en serio, lo que significa la ’solidaridad’ en una situación como esta, y cómo los solidarios pueden quitarse de en medio antes de consolidarse como industria
y algunas iniciativas de investigación y militancia que toman el abandono de nueva orleans como punto de partida para abordar los patrones del neoliberalismo en general…
pero todo es tan desmadejado, tan poca cosa ante una situación tan bestial. y con la misma ambivalencia que una puede tener ante beirut, una se alegra y tambien se inquieta por el hecho de que los que quedan siguen en sus cosas, las cosas que siempre ha hecho nueva orleans: la cocina, la musica, la fiesta, con incluso más fervor. tocar la trompeta ya no es sólo tocar la trompeta, es tocar la trompeta en nueva orleans ¡renueva orleans! un acto de resistencia. aunque sospecho que siempre lo fue.